Índice de contenidos
- Qué es un autoclave y para qué sirve
- Tipos de autoclave por formato: sobremesa, vertical y horizontal
- Las clases de autoclave: B, N y S
- Qué capacidad elegir: 12 o 23 litros
- Ciclos, temperatura y trazabilidad
- El autoclave según tu sector
- Consumibles: selladora y bolsas
- Autoclave frente a otros tipos de esterilizadores
- Preguntas frecuentes
- Conclusión
El autoclave es el corazón de la bioseguridad de cualquier clínica que reutilice instrumental, y elegirlo mal sale caro: o te quedas corto de capacidad, o compras una clase que no esteriliza lo que necesitas. Saber cómo elegir un autoclave se reduce a cuatro decisiones: la clase, la capacidad, los ciclos y el uso que le vas a dar.
Esta guía las repasa una a una, con el detalle de la clase B frente a la N y una recomendación por sector. Forma parte de nuestra guía completa de equipamiento médico.
Qué es un autoclave y para qué sirve
Un autoclave es un equipo que esteriliza material combinando vapor de agua, presión y temperatura. Al elevar la presión dentro de una cámara cerrada, el agua hierve por encima de los 100 °C y ese vapor sobrecalentado, normalmente a 121 o 134 °C, destruye todos los microorganismos, incluidas las esporas bacterianas. Esa es la diferencia entre esterilizar y desinfectar: la desinfección reduce la carga microbiana, la esterilización la elimina por completo.
También se le llama esterilizador de vapor o esterilizador por vapor saturado, y es el método de referencia para el instrumental reutilizable en clínica, hospital y laboratorio. Su ventaja frente a otros sistemas es que no deja residuo químico, el ciclo es corto y el material sale listo para usar o para almacenar embolsado.
Lo que hace que un autoclave funcione no es solo el calor: es que el vapor llegue a todas las superficies. Por eso el aire de la cámara es el enemigo, y por eso los equipos se clasifican según cómo lo extraen. Esa clasificación es la que decide qué autoclave sirve para lo que tú esterilizas.
Tipos de autoclave por formato: sobremesa, vertical y horizontal
Antes de la clase está el formato, que es lo que determina dónde cabe el equipo y qué volumen procesa. Hay tres, y responden a tres escalas distintas de centro.
Autoclave de sobremesa
Compacto, de 12 a 23 litros, se apoya en la encimera de la sala de esterilización y se carga frontalmente por una puerta. Es el formato de la consulta: dental, podología, estética, medicina general. Prácticamente todos los de sobremesa que se venden hoy para uso sanitario son de clase B.
Autoclave vertical
De 50 a 150 litros, se carga por la parte superior con cestas y ocupa el suelo. Es el formato de laboratorio, centro de formación y esterilización de volumen medio, y su ventaja es que admite cargas que un sobremesa no acepta, incluidos líquidos y medios de cultivo. Puedes ver un ejemplo en nuestro autoclave de laboratorio vertical.
Autoclave horizontal y de doble puerta
El formato de la central de esterilización hospitalaria, la CEYE. Son cámaras grandes de carga frontal con carros, y en su versión de doble puerta atraviesan el muro: se cargan por el lado sucio y se descargan por el lado limpio, de modo que el material esterilizado nunca vuelve a la zona contaminada. Es una decisión de obra, no solo de equipo.
Cómo se combinan
Formato y clase son ejes independientes. Un autoclave de sobremesa puede ser clase B o clase N; uno vertical de laboratorio también. Primero decides el formato por volumen y espacio, y después la clase por el tipo de carga que procesas.
Las clases de autoclave: B, N y S
Es la decisión más importante. Los tipos de autoclaves se agrupan, según la norma EN 13060, en tres clases de autoclave según el tipo de carga que esterilizan:
- Clase N: solo carga sólida y desnuda (instrumental sin bolsa). La más básica; se queda corta para uso clínico habitual.
- Clase S: intermedia, esteriliza lo que especifique el fabricante (algunos sólidos embolsados y cargas porosas).
- Clase B: la más completa. Con vacío fraccionado, esteriliza carga sólida, hueca, porosa y embolsada, que es lo que se usa en quirófano y consulta.
La comparación clave, autoclave clase B vs clase N: si embolsas el instrumental (lo habitual para mantenerlo estéril hasta su uso), necesitas clase B; la clase N no sirve para carga embolsada. Por eso la clase B es el estándar en clínicas. Mira nuestra gama de autoclaves de clase B y esterilización.

Qué capacidad elegir: 12 o 23 litros
La capacidad la marca el volumen de instrumental que reproceses entre pacientes:
- Autoclave de 12 litros: cubre el día a día de una consulta con volumen normal.
- Autoclave de 18-23 litros: mejor si reprocesas mucho instrumental o encadenas ciclos (podología, varias salas, cirugía menor).
Regla práctica: es preferible que sobre capacidad a quedarse corto y tener que encadenar ciclos, que ralentizan la consulta. Tienes ambas opciones, el autoclave de 12 litros y el autoclave de 23 litros, las dos de clase B.
Y si el volumen te desborda los 23 litros, el salto no es a un sobremesa más grande: es al autoclave vertical, de 50, 80 y 150 litros, con carga superior por cestas y capacidad para procesar líquidos además de sólidos. Es el terreno de hospital, laboratorio y esterilización centralizada.
Ciclos, temperatura y trazabilidad
Un autoclave ofrece varios ciclos según el material:
- 134 °C (unos 4 minutos de meseta): para instrumental general; es el ciclo más usado.
- 121 °C (unos 15-20 minutos): para material más termosensible.
- Ciclos específicos para carga embolsada y secado, y test de control (Bowie-Dick, Helix).
Para documentar cada ciclo de cara a una inspección, busca un modelo con impresora o registro USB: deja constancia de que la esterilización se hizo correctamente, parte de la trazabilidad que se valora en la autorización sanitaria.
El autoclave según tu sector
El autoclave de clase B vale para casi cualquier consulta, pero la capacidad y el uso cambian por sector:
- Clínica dental: el autoclave dental clase B es obligado por el instrumental embolsado; 12-18 litros según volumen.
- Podología: mucho instrumental por sesión, así que conviene capacidad holgada (18-23 L); lo vemos en cómo equipar una consulta de podología.
- Medicina estética: para el instrumental reutilizable de pequeños procedimientos; ver cómo equipar una clínica de estética.
- Cirugía menor y otros: clase B con buena capacidad y trazabilidad; ver cómo equipar un quirófano de cirugía menor.
Consumibles: selladora y bolsas
El autoclave no trabaja solo: para esterilizar carga embolsada necesitas bolsas de esterilización y una selladora que las cierre herméticamente antes del ciclo. Es un complemento barato que completa el circuito de bioseguridad. Mira la selladora de bolsas de esterilización.
Autoclave frente a otros tipos de esterilizadores
El autoclave no es el único método de esterilización, pero sí el que cubre la mayoría de necesidades de un centro sanitario. Conviene saber qué hay al lado para descartarlo con criterio.
- Vapor a presión (autoclave). El estándar. Rápido, sin residuo químico, válido para metal, textil, goma y líquidos según la clase. Su límite es el material que no aguanta 121 o 134 °C.
- Calor seco (horno Pasteur). Alcanza temperaturas más altas sin humedad. Sirve para material que el vapor corroe o no penetra, como polvos y aceites, pero los ciclos son mucho más largos.
- Óxido de etileno. Esterilización química en frío para material termosensible, sobre todo dispositivos electrónicos y plásticos delicados. Exige instalación específica, aireación posterior larga y control de exposición: es territorio hospitalario e industrial, no de consulta.
- Peróxido de hidrógeno en plasma. También en frío y para termosensibles, con ciclos más cortos que el óxido de etileno. Equipamiento caro y limitado en tipos de carga.
- Radiación ultravioleta. Se usa para superficies y aire, no para instrumental. No es esterilización: no penetra ni garantiza la eliminación de esporas. Cuidado con los equipos de estética que se venden como esterilizadores UV.
Para una consulta o un laboratorio que reutiliza instrumental, la respuesta práctica casi siempre es un autoclave de vapor, y la decisión real está en la clase y la capacidad, no en el método.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un autoclave y para qué sirve?
Es un equipo que esteriliza material con vapor de agua a presión. Al subir la presión en una cámara cerrada, el vapor supera los 100 °C y alcanza los 121 o 134 °C, temperatura a la que destruye todos los microorganismos incluidas las esporas. Sirve para esterilizar instrumental reutilizable, textil, gomas y, según el modelo, líquidos y medios de cultivo.
¿Qué tipos de autoclave existen?
Se clasifican por dos ejes. Por formato: de sobremesa (12 a 23 litros, para consulta), vertical (50 a 150 litros, para laboratorio y volumen medio) y horizontal o de doble puerta (central de esterilización hospitalaria). Por clase, según la norma EN 13060: N para sólido desnudo, S intermedia y B para carga embolsada, hueca y porosa, que es la exigible en uso sanitario.
¿Qué diferencia hay entre clase B y clase N?
La clase B (vacío fraccionado) esteriliza carga sólida, hueca, porosa y embolsada; la clase N solo instrumental sólido y desnudo. Si embolsas el instrumental, necesitas clase B.
¿Qué clases de autoclave existen?
Según la EN 13060: N (sólido desnudo), S (intermedia) y B (la más completa, para carga embolsada y porosa). La clase B es la recomendada para uso clínico.
¿12 o 23 litros?
12 litros para una consulta con volumen normal; 18-23 litros si reprocesas mucho instrumental o encadenas ciclos. Mejor que sobre a quedarse corto.
¿A qué temperatura esteriliza?
134 °C (unos 4 min) para instrumental general y 121 °C (15-20 min) para material termosensible, combinando vapor, presión y tiempo.
Conclusión
Elegir un autoclave es decidir cuatro cosas: la clase (B si embolsas instrumental, que es lo normal), la capacidad (12 L para volumen normal, 18-23 L para mucho), los ciclos y la trazabilidad (mejor con registro), y los consumibles (selladora y bolsas). Con esas cuatro claras, aciertas a la primera y cumples con la bioseguridad.
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